Sesión Bibliográfica Semanal. 25 de Abril de 2016 (431)

En 1994 se dio como válida de forma consensuada la evidencia de que en las mujeres con riesgo de dar a luz de forma prematura antes de las 34 semanas de gestación, el uso de glucocorticoides era adecuado para la reducción de resultados neonatales adversos, tales como la muerte del perinatal, el síndrome de dificultad respiratoria y otras complicaciones. El límite de las 34 semanas fue tomado en base a la creencia, que existía en el momento, de que la semana 34-35 marcaba el umbral a partir del cual el desarrollo del bebé se produce ya de la forma adecuada, con conocimiento de muy poca diferencia (1%) entre la supervivencia a esa edad gestacional y la observada en los nacimientos a término. Sin embargo, en el momento actual parece estar claro que los bebés que nacen durante el período prematuros tardíos (34 semanas y 0 días hasta 36 semanas y 6 días) presentan más complicaciones neonatales y en la infancia que los bebés que nacen a término (mínimo de 37 semanas).

Conocer más sobre si el uso prenatal de glucocorticoides puede ser beneficioso, reduciendo las tasas de complicaciones asociadas a los nacimientos prematuros, en la población de mujeres con riesgo de parto pretérrmino tardío (8% de todos los partos), puede ser altamente beneficioso tanto en términos de salud púbica como en términos económicos. Con este objetivo, dos ensayos aleatorios pequeños han evaluado hasta el momento el uso específico de betametasona en el período correspondiente al parto prematuro tardío, pero los resultados no han sido concluyentes debido principalmente al bajo número de participantes y la baja potencia del diseño.

Más recientemente, en un ensayo multicéntrico, cerca de 3.000 mujeres de la población en estudio fueron aleatoriamente asignadas a recibir dos inyecciones de betametasona o placebo con 24 horas de diferencia. Los investigadores tomaron nota, como resultado primario, de la presencia neonatal de un valor compuesto construido a partir de la necesidad de tratamiento en las primeras 72 horas (uso de presión positiva continua en las vías respiratorias o uso de cánula nasal de alto flujo durante al menos 2 horas, oxígeno suplementario durante, al menos, 4 horas, oxigenación por membrana extracorpórea, o ventilación mecánica) o muerte fetal o neonatal, en las 72 horas siguientes al nacimiento.

Los resultados mostraron que la administración prenatal de betametasona disminuyó de forma sustancial la necesidad de asistencia respiratoria durante las primeras 72 horas después del nacimiento (11'6% de los casos frente al 14'4% del grupo control). También se observó un menor número de complicaciones respiratorias graves (como la taquipnea transitoria del recién nacido y la displasia broncopulmonar), junto con menores las tasas de uso de surfactante, necesidad de reanimación y estancia prolongada en una unidad de cuidados especiales. La administración de betametasona no afectó significativamente a las tasas de infección materna o del bebé, pero sí aumentó la tasa de hipoglucemia neonatal, una complicación común en el parto prematuro tardío.

El desafío actual se sitúa ahora en la capacidad de identificar los partos que tendrán lugar en el periodo prematuro tardío.

Palabras claves:
  • embarazo
  • parto prematuro
  • parto pretérrmino
  • parto prematuro tardío
  • complicaciones respiratorias perinatales
  • glucocorticoides
  • betametasona

NewsLetter de abstracts redactados por expertos del programa y con la colaboración de profesionales de la salud que trabajan en diferentes ámbitos asistenciales.